
Jose Mourinho festejó de manera especial el triunfo por la mínima en Anoeta. Nada más acabar el partido, saltó al terreno de juego y se abrazó con rabia a sus jugadores tras sumar tres puntos fundamentales para seguir por delante del Barça.
El técnico portugués vivió con especial intensidad en el banquillo todo el partido. Gesticuló, protestó, animó a sus jugadores e incluso sufrió por lo apretado del marcador hasta el final.
Cuando Undiano Mallenco indicó el final del partido se metió en el terreno de juego y abrazó a cuantos futbolistas de su equipo se encontró en el camino. Se le vio especialmente eufórico.
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